Boris Quercia y su nuevo libro “Electrocante”: “La ciencia ficción es mi género favorito”

El director de la serie Los 80, de películas como “Sexo con amor” y actor consagrado tiene un lado B que vale la pena subrayar: es un premiado escritor que ahora debuta con una novela de ciencia ficción publicada simultáneamente en Chile y Francia. “Electrocante” se ambienta en un futuro oscuro y pesimista y habla, más de lo que imaginamos, del presente que vivimos.

Por: Ernesto Garratt

Ya había tenido el privilegio de leer las novelas policiales de Boris Quercia, Santiago Quiñones, tira (2014);  Perro muerto (2015) y La sangre no es agua (2019). Pero de verdad me sorprendió gratamente su apronte y talento para abordar el siempre difícil y menospreciado género de la ciencia ficción con su nueva y cuarta novela: Electrocante, recién publicada simultáneamente en Chile y Francia.

Electrocante es la historia de un buscavida clase 5, o sea, casi el último escalafón de la sociedad futurista, negra, pesimista y distópica en donde ocurre la acción. Escrita con una pluma privilegiada y siempre alerta, esta muy buena novela opera como una novela negra, o sea, policial, pero del futuro, en donde este protagonista descreído, nihilista, debe resolver un caso y para eso debe hacerse de un nuevo compañero de labores, una entidad artificial, un Electrocante, que para su sorpresa, es más, mucho más de lo aparenta.

-La primera pregunta  ¿por qué a la ciencia ficción?

– Fíjate que bueno, siempre me gustó. Siempre me gustó muchísimo la ciencia ficción. Era mi género preferido. De niño yo leía muchísimo y me devoré todos los clásicos más antiguos en la ciencia ficción, como Bradbury o Asimov. Mi madre era profesora de castellano y aunque no ejercía porque se encargaba de nosotros, que éramos cinco. Tenía esta costumbre de llenarnos de libros y leer en una actividad muy natural en mi casa. Y entonces devoraba todo este tipo de literatura. Después ya un poco más grande y creo que incluso del derivé del cine a la ciencia ficción con Philip K. Dick, que para mí fue alucinante y leerme toda su novela.

-Eso, eso para mí es un referente muy importante. No he parado de hablar de Philip K. Dick desde la última semana. Se nota la referencia en tu novela…

-Es un referente de los más grandes. Muchas películas de ciencia ficción beben de esa fuente. Y no solo eso, sino que incluso Google, el teléfono de Google se llama Nexus Android, el sistema operativo que usa casi la mitad del planeta. También es un invento. Las palabras inventadas por él han quedado en la realidad. Él ha construido parte del futuro.

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Philip K. Dick escribió la novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas que dio pie a la gran película de 1982, Blade Runner; la que a su vez ha sido fuente de inspiración para todo el mundo que vino después a contar historias desde la ladera de la ciencia ficción. Y eso incluye a esta notable novela de Boris Quercia, Electrocante. Y Quercia, hablando de la novela de Philip K. Dick y la cinta Blade Runner, compara:

-Una novela, como siempre, es mucho más amplio, porque una novela no cabe en una película. La novela tiene otros universos que no fueron explorados en la película. Pero bueno, en especial esa película (Blade Runner) fue también un elemento de mucha inspiración. Y yo te diría que como que la parte de novela negra de esa película. Este héroe, el héroe, el típico que aparece mucho más patente en la novela que en la película. Pero sí quedan rastros de eso en la película. Este ser amargado está dolido, quebrado por un por una angustia anterior que es insalvable y que tiene que, a pesar de todo, seguir viviendo, que tiene que ser muy duro. Pero finalmente es alguien que se desarma por dentro y que vive en una constante agonía y a contrarreloj en él, en una situación de mucho peligro. Todo eso yo creo que fue una gran inspiración, incluso para Santiago Quiñones cuando yo escribí Santiago Quiñones. Antes de escribirlo me hizo un recorrido por el cine negro, desde el cine negro francés, hasta Blade Runner, que es como ya el cine el negro llevado a la ciencia ficción. Y ahí como que partió mi idea de hacer Santiago, entonces y ahora llegar a la ciencia ficción y escribir una historia negra en ciencia ficción me pareció supernatural. De hecho, ahora todas las críticas que han salido en Francia, porque el libro se editó paralelamente en Francia también habla mucho de eso.

Hay algo que también tiene mucho que ver tu novela, que es una especie de isla muy frondosa y nutriente, en lo que podríamos llamar una literatura más nihilista y muy, muy conectada con el cyberpunk, la corriente inaugurada hace décadas por William Gibson con Neuromancer.

-Cuando se enfrenta hoy en día a imaginar el futuro, con toda la información extra que tenemos, est visión de futuro que tenía Philip K Dick se multiplica, se ve como que se extiende, obviamente uno le encuentra mucho sentido, pero tiene nuevas herramientas para aportar a ese imaginario futurista, porque ya hay cosas que él pensó que sí son reales, concreta y que están funcionando. Entonces se interesante esa, esa revisión de ese universo, porque yo en realidad como que más que inventar un universo distópico, entro en universos distópico que ya existen. Y hago que los personajes se desarrollen en eso. La  meta es que ya estuviera funcionando y solo uno tiene que entrar ahí, crear una historia ahí. Pero con estos nuevos referentes y con los nuevos referentes, sobre todo, que van a significar un cambio que yo creo que Philip K. Dick nunca tuvo en mente, que tiene que ver con la computación cuántica y con la capacidad de desarrollo que va a tener esos nuevos procesadores y sus capacidades de aprendizaje. Entonces eso va a ser una cosa que va a dar vuelta todo como la realidad, como la conocemos.

-Sí, y es muy interesante que tu historia, a pesar de todo estos elementos anticipatorios, al final es un resumen muy humano. Es muy difícil. Es un narrador en primera persona que está todo el tiempo haciendo eco y hace algo que es súper difícil al momento de escribir en primera persona, que es empatizar…

– Sí, pero se me quedó algo a propósito de lo que dices, de tu pregunta anterior, se me quedó algo en esta mirada de cuestionadora la existencia y también viene de un poquito de Santiago, que yo y Santiago Quiñones era un tipo más ramplón, quizás más sencillo, más simple, con menos antecedentes culturales. Pero de todas maneras él tenía este gran cuestionamiento existencial que sigue en este personaje nuevo. Pero sobre todo sigue no tanto en el protagonista Natalio, sino que en su Electro, porque el electro tiene un despertar de la conciencia. Y en ese despertar de la conciencia hace las preguntas básicas y una vio una inquietud que yo tengo también desde muy niño. Esta inquietud existencial de sobre el sentido de que tiene todo esto y este nihilismo con respecto a  las teorías, o a las corrientes, o a los movimientos, o a las religiones que tratan de explicar la existencia cubriéndola con un barniz de cierta ideología, o que porque Dios habló y dijo que este era él  la razón de la existencia. Parche a las preguntas, a las preguntas más esenciales de cuando uno tiene conciencia secreta estoy vivo, ¿qué es esto de que se trata? Y no hay, realmente no hay respuesta, la única respuesta que yo he encontrado y que está plasmada en los libros es que esto no tiene ningún sentido, absolutamente ningún sentido, y el único sentido que puede tener es el que le dé cada uno. Y ahí hay gente que el sentido, su vida es ser hincha de la Universidad de Chile o del Colo-Colo, y ese es el sentido de sus vidas. Y, de hecho, cuando lo hago, cuando los entierran, los velan, están las banderas de su equipo y van quitando la consigna y tienen fuerza. Cada uno le va a buscar el sentido a la vida que quiera y eso va a ser el sentido que tenga, porque en realidad esto no tiene el menor sentido, solo un accidente y que, como todo accidente, estamos tratando de salir de él de la mejor manera posible.

He ahí el sentido que le trataba de dar tu personaje. Volviendo a la pregunta inicial, tu personaje tiene ese punto de vista que es como súper aterrizado, súper pies a tierra. Hay un personaje que habla en primera persona y hace que esa voz narradora sea empática para que uno no se sienta perdido en este nuevo mundo. Algo que le da una guía notable a tu muy buen debut en la ciencia ficción

Muchas gracias. Y yo creo que es un es una deformación profesional que me viene de mi trabajo como actor. Porque si hay algo que tiene el entrenamiento del actor es poder entrar en circunstancias de otra persona que no es uno y jugarla como si fueran reales. Entonces el normal de los actores siempre que juega un personaje está sintiéndose, está como dice Stanislavski, le está prestando fe a unas circunstancias que no son las suyas y está prestando fe de manera inocente. Y muy sincera, tiene una gran sinceridad, el actor tiene que entrar con una gran. Es muy difícil que un actor entre hacer un personaje del que no está de acuerdo o tiene que prestarle credibilidad y tiene que ir de manera abierta y muy inocente. Los actores en general son personas de mucha inocencia interna. Los buenos actores. Y entonces. Como yo tengo este trabajo, obtuve este trabajo entrenamiento ya hace mucho tiempo. Yo también al escribir hago este ejercicio de creer en esas circunstancias. Y entonces escribo como si estuviera actuando casi como dentro del personaje.

-Además, que tiene que ver con se conjuga con la tradición también de la novela negra, que en general es en primera persona. La novela negra,  mucha de la buena novela negra, se escribe en primera persona. De hecho,. mucho del cine negro también es en primera persona y Blade Runner, el corte que vimos en Chile, el primero era en primera persona…

Y que ahí hay algo interesante, técnico, que es cuando y en lo que me pasa a mí. Cuando escribía Quiñones que yo con Quiñones nunca sabía de qué era el caso, no tenía ideas, sino que ponía un hecho de sangre y luego iba viendo cómo se iba ajustando eso algún crimen. ¿Quién era el autor del crimen cuando parte de la novela? Ni Santiago Quiñones ni yo como autor sabemos quién mató a la persona que murió, si es que hay un crimen a resolver, porque no es una novela de intriga, de la intriga en el sentido de que hay que descubrir al culpable. No se trata de eso, pero cuando uno está en primera persona está tan perdido como el lector. Cuando uno es un escritor omnisciente, podría ver el futuro, podría saber quiénes están detrás de los hechos. Por lo tanto, lo podría describir. Entonces eso también pasa cuando uno hace una escena en cine y toma un punto de vista como director. ¿Cómo va a contar la historia si la cuenta desde el punto de vista del personaje? Va a tener más suspenso que si la cuenta desde afuera, porque tiene que hacer más trampas desde afuera para mantener el suspenso en el espectador. Se puede, pero hay que hacer un poco de trampa, porque uno, viéndolo de afuera, sabría quién está golpeando la puerta porque tiene la capacidad de saltar al exterior y saber quién es. Entonces tiene que mantenerse adentro para que la persona mantenga en suspenso. ¿Será o no el asesino? ¿Viene con un arma o no? ¿Entonces se mantiene más el suspenso trabajando en primera persona?

-¿Crees que la ciencia ficción, por menospreciada que sea por la Academia, permite justamente jugar y hacer literatura y contar historias en un momento justamente como este, por la pandemia, por la crisis social, por el cambio climático, por todo lo que enfrentamos, que parece justamente distópico?

Yo creo que lo que hay que hacer es lo que uno a lo que uno le nace. Yo creo que también en la academia. Yo creo que nadie dijo voy a escribir un libro que va a fundar una manera de escribir bien los libros de aquí en adelante en el mundo, ¿no? Supuestamente la mayoría de escritores escribieron porque tienen una historia. Y esto es así. Tienen una pasión por volcar esas ideas en una hoja de papel y transmitirla. Porque la verdad es que no es una actividad, es una actividad muy piramidal. La literatura, donde solo unos pocos escritores pueden vivir de esto, el resto del mundo escribe más que nada por pasión o por otras cosas, por orgullo, ¿por qué? Por figuración, por pena, por locos, por lo que sea, pero no aquí en esta actividad. La mayoría de la gente no está por dinero, está por otras cosas. Y entonces están haciéndole caso a alguien de cómo hay que escribir y qué es historia y qué contar y cuáles son las correctas o no me tiene sin cuidado. La verdad que siempre me ha tenido sin cuidado de lo mismo al hacer la película. No es que ese tipo de cine que no sé, que todo el cine, que la historia, que me tinca contar, que me nace, que además qué puedo financiar:  generalmente está muy a la par el presupuesto que hay que conseguir para hacer esa película.  Entonces uno nunca es tan libre en el cine, ningún director en general es tan libre en el cine.

Para Boris Quercia escribir es un terreno, por el contrario, de completa libertad. Un páramo donde no hay problemas de presupuesto, de iluminación, de casting. Y en lo que al feedback favorable del público y crítica la verdad es que Quercia no, dice, “no me puedo quejar”.

– He tenido una experiencia, un trabajo muy agradable y muy concentrado en mi experiencia publicando en Chile. A mí me resulta, por ejemplo, que ahora que publiqué en paralelo en Chile y en Francia, yo ahora me hice un Instagram donde voy poniendo las cositas que van saliendo y sale obviamente mucho más en Francia, porque hay un universo mucho más grande y gente que lee. También es verdad que son muchos más habitantes. Pero es verdad también que tenemos una deuda cultural muy grande en Chile y no hay grandes motivaciones para leer ni para ir a actividades culturales. La gente tiene mucho menos dinero, viven mucho más al día, está mucho más encerrado y no creo que no quieran. Creo que no están dadas mucho las circunstancias socialmente hablando. Las políticas no han sido del todo expansivas, como hemos querido, porque es increíble ver cómo la gente agradece cuando se pone una orquesta a tocar en una plaza de armas o cuando se hace el teatro callejero, etc. Es impresionante la reacción de la gente, la necesidad que tienen de las actividades culturales. Pero uno va en un vagón de metro y ve que de los 50 o 30 personas que hay hay uno, quizás con un libro. En países como Argentina o Francia, que hay mayor espesor cultural, hay más gente leyendo. ¿Es normal ver en un café una persona con un libro como una actividad literaria? No, no es extraño. O en un parque la gente está con un libro y una mantita y un libro.

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