“Los 11 caminos al gol”: exclusivo capítulo de libro superventas sobre Marcelo Bielsa

El periodista y escritor Eduardo Rojas nos presenta un apasionante relato que recoge las clases magistrales realizadas en Chile por una de las figuras más reconocidas y admiradas del fútbol: Marcelo Bielsa. Un imperdible libro que ya fue traducido al francés y ha sido fenómeno de ventas en Latinoamérica.

Cuando llega Marcelo Bielsa, todo cambia. Sucedió en la Argentina, Francia, España y sobre todo en Chile, un país cuyo seleccionado tomó en uno de los momentos más bajos de la historia. “La Roja” venía de quedarse fuera de los Mundiales 2002 y 2006, y de la mano de Bielsa se clasificó con honores para jugar en Sudáfrica 2010. Fue un único ciclo el del rosarino al frente del seleccionado, pero dejó la sensación de que algo grande había pasado. No se trataba solo de la clasificación a un Mundial, ni de una forma de jugar totalmente distinta: era más que eso. Su forma de ser, sus palabras y su metodología de trabajo llegaron a todos los rincones de la sociedad chilena. El pulso popular lo adoptó, lo admiró y lloró su partida.

Los 11 Caminos al gol es un modo de recuperar esa labor, que es indeleble aunque el fútbol siga su marcha con nuevos técnicos y resultados. El periodista y hoy dirigente Eduardo Rojas Rojas lleva de la mano al lector a lo largo de una serie de “clases magistrales” impartidas por Bielsa como DT de Chile, en un libro que nos muestra su pensamiento más profundo. Un relato que, además de ser un perfecto manual de fútbol, puede llegar a postularse como un método para enfrentar casi cualquier desafío: con ideas, pasión y trabajo, todo en dosis masivas.

A continuación, un capítulo exclusivo de este best seller que ya ha sido traducido al francés.

PRENSA

No existe animadversión de Marcelo Bielsa hacia el periodismo en general. Es más, es un coleccionista, tijera en mano, de los comentarios, los apuntes, las noticias, los avisos clasificados, los reportajes, las entrevistas y las investigaciones que ayudan a su tarea como entrenador y profundizan sus conocimientos en el país donde, temporalmente, busque arraigo. Pero es posible que su actitud defensiva ante los periodistas deportivos se deba a las experiencias amargas y los desencuentros provocados por tergiversaciones —intencionadas o casuales—, invasión a su intimidad y a la de sus dirigidos, golpes noticiosos sin sustento.

En este capítulo, el entrenador argentino revela detalles del comportamiento que asume ante la prensa y ofrece una visión del periodismo que abre una puerta para la discusión, a la vez que formula conceptos aleccionadores.

Quizás ahora logremos comprender la postura de Bielsa para defender la intimidad de su trabajo y la profunda pena que le causa la incomprensión de los periodistas que lo abandonan en las prolongadas conferencias de prensa y lo dejan solo desarrollando lo que alguien denominaría monólogos.

¿Solo?

No, Bielsa nunca estuvo solo.

Antes de mi llegada al fútbol chileno, la selección local había perdido en la Copa América por una cifra abultada y, además, había sucedido lo de Puerto Ordaz, en Venezuela. Uno lee por obligación y necesidad profesional y ve lo que los medios de comunicación opinan. En ese entonces había una corriente muy firme que reclamaba severidad en el manejo de las cuestiones disciplinarias. Según mi interpretación, había ensañamiento. Y lo vinculé mucho con el éxito. ¡Pucha, qué pobre lo de Venezuela!, como perdieron, la disciplina feroz les corresponde y lo de Canadá, como ganaron, la disciplina se posterga, aunque los hechos —digo yo— eran parecidos.

Qué raro que hechos parecidos dentro de una misma comunidad futbolística merezcan lecturas tan disímiles. Claro: lo que estaban juzgando era la derrota, en un caso, y la victoria, en el otro. En realidad no les importaba la conducta.

Y me quedé con eso. Después, el mensaje empezó a ser: “Están planeando realizar partidos amistosos, porque como empiezan a perder —o sea, yo—, necesitan a Jorge Valdivia, entonces van a inventar encuentros por Valdivia y van negociar la disciplina para Valdivia”. Pero yo no creo en la disciplina; como dije, creo en los tres o cuatro valores que un grupo humano debe respetar. No es que yo me considere puro; soy tan imperfecto como cada uno de nosotros en mi estructura ética. Pero sí sé, por mi trabajo, que no hay equipo que funcione si no está compuesto por un grupo humano sólido. Los grupos humanos se forman, irremediablemente, sobre la base del reconocimiento, la asociación y el encolumnamiento detrás de tres o cuatro virtudes. Entonces, uno defiende las virtudes, los grupos humanos y algunos conceptos de convivencia porque le son inherentes para buscar la victoria. Y porque uno, por pícaro —los entrenadores tenemos cierta picardía—, se da cuenta de que hay que unir para triunfar.

Como creo que hay que instituir tres o cuatro valores, afirmé que no íbamos a hacer nada para que Jorge Valdivia volviera, si para facilitar su regreso hubiéramos tenido que tomar alguna medida especial. Y entonces reaparece el diario chileno El Mercurio y empieza a fogonear a Valdivia. Todos saben a qué me refiero con fogonear: hacer notas y notas, fijar las tendencias, y

estrategias de ese tipo.

Con la prensa mejor no hablar

Ojalá que todos nos desenmascaremos frente al público, porque nosotros sabemos de qué hablamos, pero el público no sabe. Al público lo engañamos todos. Y los periodistas son los primeros. Venden todo eso como si fuera cie no, buscando fórmulas para que la cuestión cuadre, como ensalzar a Valdivia, el ídolo. Nadie se fija si jugó bien o mal, cómo jugó las finales. “Adelante con Valdivia” es el caballito de batalla. Pero la realidad es: “Pobre Valdivia, sometido a todo ese manoseo”.

Primero, reclaman máxima rigidez; después, cuando el equipo pierde, se olvidan de todas las normas, y ahora, como yo me acuerdo de las normas, Valdivia debe volver como sea. Siempre crean polémica con cosas innecesarias, y, como según los periodistas la gente no entiende, necesita frases sintéticas, que sean indiscutibles y que permitan que a partir de la frase no haya más discusión. Cualquier tipo que sepa de transmisión de la información sabe que la frase sintética es necesaria para sus propósitos, aunque detrás haya una mentira.

“Vamos a pagar con la misma moneda”: esta es una frase que autoriza cualquier tipo de aberración. Después, si con base en esa frase te mataron a un hermano, andá y matá a diez, porque hay que pagar con la misma moneda.

Jorge Valdivia ya cumplió el castigo, entonces, la frase es: “Como no nos sobran jugadores, no tenemos que prescindir de Jorge Valdivia”. No se analiza lo que hizo o lo que dejó de hacer, o si tiene o no derecho según el reglamento. No importa si hace ocho meses era el peor de todos. Todo lo que pasó en el medio no sirve, ahora dediquémonos a Valdivia.

Los medios de comunicación eligen los caminos que lleven a enfrentar al entrenador con sus propios jugadores —yo viví esto con frecuencia—, en el afán de provocar diferencias que permitan la existencia de material para difundir. Cuando no pueden intervenir asociándose, eligen ese camino, lo cual acepto y me parece natural. El diario El Mercurio hace eso con regularidad. Lo he notado claramente, porque estoy acostumbrado a percibirlo, pero tampoco le doy mucha importancia y lo entiendo como pane del negocio que les toca asumir.

Cuento esto porque en una charla deportiva privada que di en la ciudad de Osorno, en el sur de Chile, sin presencia de la prensa, dije que jamás hice una crítica pública a ningún jugador que me hubiera tocado dirigir, y a ningún jugador en general. Pero después me encontré en la prensa que estaba todo tergiversado. Así engañan a los lectores con su información, y con eso se mata mi trabajo.

Una vez, una periodista estableció un paralelismo entre las posibilidades de Chile en 2010 y las que había tenido en 1998, y comparó a Marcelo Salas e Iván Zamorano con el grupo de jugadores que está actuando hoy en Europa.
“Mire —le dije—, eso no se puede establecer como una esperanza de clasificación de cara al próximo mundial basada en que hay un grupo de jugadores actuales comparables con los jugadores chilenos que facilitaron el ingreso de Chile al Mundial del ’98”.

¿Por qué no se puede comparar a Salas y Zamorano con Alexis Sánchez, Mark González, Humbeno Suazo, Anuro Vidal y Luis Jiménez, a quienes nombró la periodista? Porque Salas y Zamorano estaban en equipos de prímerísimo nivel, eran titulares y fueron campeones. Ninguna de esas circunstancias se da en los jugadores que ella había nombrado, tres años antes del mundial. Al comparar dos situaciones presentándolas como si fueran parecidas cuando en realidad no tenían ningún punto en común, ella estaba montando una esperanza. Pero esa respuesta fue interpretada como una dura crítica hacia los jugadores que conducía. Esos fueron los titulares de los diarios.

Hice comparaciones entre el Inter de Milán, el Real Madrid y la Juventus y los otros equipos europeos. Y también hice comparaciones entre la cantidad de partidos que juega un jugador titular o consolidado dentro de un equipo y la cantidad de partidos que juega un jugador que está desempeñándose en una institución. En ningún caso es una crítica severa, un cuestionamiento o un ataque a los jugadores, porque eso no lo puedo permitir. Por supuesto, no tengo ninguna esperanza de que, con esta aclaración, los medios expresen la conclusión correcta de estos comentarios.

Yo debería evaluar seriamente, en adelante, dejar de comunicarme con los periodistas por medio de conferencias de prensa, porque está visto que no reflejan lo que yo pienso. Tendré que pensar si lo que corresponde es no volver a hablar nunca más o expresarme por escrito para no ser interpretado como lo fui. Lo que tengo que hacer es hablar menos con la prensa y comunicarme más por escrito. Esto es lo que los periodistas han logrado. Una persona invadió el ámbito privado, difundió lo que escuchó y se vanaglorió de eso.

Nunca me gustó servirme de los medios de comunicación. Tengo muy claro al servicio de qué están ellos y al servicio de qué estoy yo. Tengo claro del trabajo que hacen. Conozco perfectamente la forma como trabajan los diarios. El mismo diario El Mercurio tiene columnistas, editorialistas, opiniones de fondo de un nivel altísimo, que son absolutamente contradictorias con las firmas de los jóvenes que hacen el trabajo sucio y que crean las polémicas, los que llevan a los futbolistas noveles a decir cosas que, con un mínimo de corrección y espíritu docente, no dirían.

Este es simplemente un ejemplo de algo que se suele ver: cuando un joven está dando opiniones inapropiadas, hay que corregirlo en vez de estimularlo a que acentúe el error para generar polémica, la misma polémica que, luego, le servirá al editorialista para condenar al joven, quien, claro, queda inevitablemente desacreditado.

Insisto con que El Mercurio, un diario de prestigio en todo el mundo, referencial para todos los que alguna vez revisamos la información deportiva del mundo, protagoniza estas vergüenzas, porque son cosas vergonzosas. Todos saben que esto es cierto. Mañana, otros lo certificarán desde los medios menos trascendentes, y otros se defenderán con nuevas mentiras, pero uno tiene la obligación de aclararlo.

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