Hablan víctimas de abuso sexual de sacerdotes: “La cúpula de Schoenstatt escondió la verdad”

La Red.cl conversó en exclusiva con cuatro de las víctimas de los sacerdotes Ángel Vicente Cerró y Marcial Parada, ambos de la congregación Schoenstatt. Conocimos su historia y cómo el Vaticano cerró las causas canónicas por tratarse de víctimas de 16 años, que para la iglesias representa la mayoría de edad y como uno de los victimarios dejó el sacerdocio en agosto de este año, para evitar su castigo, todo esto con la protección de la congregación.

Por: Laura Landaeta L.

“Él buscaba víctimas en familias vulnerables”. Así comienza su relato el abogado Rodrigo Pérez, quien ingresó a la congregación de Schoenstatt el año 1987 a los 14 años. Rodrigo fue una de las víctimas de abusos del exsacerdote Marcial Parada. Le costó años enfrentar este abuso, sin sentir vergüenza y sentimientos encontrados, pues estos manoseos impropios comenzaron en el Templo Votivo de Maipú en manos de alguien que era su guía: el padre Marcial Parada.


“En mayo de 1987 luego de la venida del papa Juan Pablo II ingresé a Schoenstatt siendo el seminarista, hoy sacerdote y vocero de los Padres de Schoenstatt, Patricio Moore el guía de mi grupo. Al poco tiempo conocimos al sacerdote Marcial Parada en el santuario de Maipú. Él nos abrazaba con mucho cariño, nos daba besos en la cara y algunas veces nos daba besos “cuneteados”, a algunos derechamente les daba besos en la boca”, recuerda el abogado.


“Cuando nos abrazaba sus manos se escurrían lentamente por la espalda hasta llegar a la zona anal. A las nalgas. Eso producía una terrible confusión en nosotros. Por una parte, pensaba “qué mierda está haciendo” pero después pensaba, es un sacerdote no puede pensar en hacerlo con maldad”, señala.


Pérez recuerda que: “a veces lograba zafar de esos cariños y me distanciaba, pero él tomaba a otro amigo. Fui testigo de lo que les pasó a mis amigos en sus manos. También fui testigo de cómo el cura le pagó a uno de mis amigos por favores sexuales y posteriormente supe que esto lo hacía con otro amigo también, ambas victimas de Parada ya fallecidos. El sacerdote Parada prostituía a mis amigos cuando todos éramos menores de edad.


Parada no fue, en todo caso, el único de los vicerrectores del Templo de Maipú que terminó con denuncias en su contra por abusos y violación. Después de él también lo fueron Francisco Basáñez, quien fuera condenado siendo “apartado por cinco años de toda actividad pastoral y su ministerio sacerdotal y más tarde se le prohibió el trabajo de por vida en el movimiento de Schoenstatt y con jóvenes”. También el padre Rodrigo Gajardo, condenado por la justicia penal estatal, por abuso sexual a menores de edad, a 61 días a presidio menor en su grado mínimo y accesorias, y así mismo condenado por la justicia canónica a la “prohibición de por vida de trabajar con niños y jóvenes y con el movimiento de Schoenstatt”.

Según se lee en la sentencia de Gajardo, el hecho por el que se le condenó ocurrió entre julio de 2008 y 2009, mientras un menor, de entre 15 y 16 años, “se encontraba pernoctando en el interior de la casa de la juventud del Santuario de Schoenstatt, ubicado en Vicente Valdés N° 346, comuna de La Florida”. En ese lugar, “aprovechándose de la incapacidad para oponerse de la víctima al encontrarse ésta dormida, (Gajardo) procedió a realizar actos de significación sexual”. 

Gajardo obtuvo una pena baja, pues reconoció los hechos que se le imputaron en un juicio abreviado. Además, han sido condenados otros sacerdotes del movimiento, como Luis Morel y el primer y escandaloso caso conocido, el del obispo de La Serena, Francisco José Cox, expulsado del sacerdocio.


Pérez cuenta que tenía una fe íntegra, es por eso que aunque dudó de las conductas de Parada, no fue sino hasta el año 1993, cuando postuló a la comunidad de los padres de Schoenstatt, que decidió confesarle lo ocurrido al sacerdote Joaquín Allende: “Yo lo admiraba mucho y le confesé que el sacerdote Marcial Parada tenía estas conductas. Le conté esto y le dije que quería ser sacerdote, pero no un sacerdote como Parada. Pero nunca más supe qué pasó con mi denuncia con el padre Allende”, recuerda.


El ahora abogado fue aceptado en Schoenstatt y lo envían a hacer su noviciado a Paraguay. A fines del año 1994, llega hasta allá Marcial Parada, quien había sido enviado a una especie de monasterio para apartarlo de la vida activa. En una oportunidad, cuando ambos coinciden, éste le dice “oye, quieres ir conmigo a mi pieza, te tengo unos chocolates que te quiero regalar”. Pérez le dijo que no. Y el tema llegó hasta ahí.

Es difícil entender cómo guardó por tantos años el secreto que hoy incluso le cuesta contar. Dice que sacerdotes pedófilos buscan niños vulnerables. Se ganan su cariño y confianza siendo cálidos en la confesión y posteriormente cuando abusan de ellos se encargan de hacerlos ver como sucios y tener vergüenza. Algo de eso sintió él pese a no haber sufrido los peores abusos del sacerdote. Sólo la madurez y el tiempo le hicieron comprender que lo que él había vivido con Parada, las tocaciones impuras y en sus partes íntimas también eran signo de vejación. Eran abuso y él no era el responsable.


Es así como en el año 2018 pide una entrevista con el padre Fernando Baeza, actual provincial del Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt. ” cómo me parecía un tipo abierto y sensible le dije que quería una entrevista con el padre Marcial pues quería que me explicara por qué nos dañó de esa forma. Me contestó por email diciéndome que no podía recibirme pues estaba en México enfermo y que si quería hiciera las denuncias en fiscalía. Me dio rabia pues yo no buscaba dinero, sólo quería saber por qué Parada nos perturbó, nos vulneró; y por qué violó a mis amigos. Por qué pagaba a los más pobres por sexo o los compraba con regalos caros si era un hombre de Dios”


J.S.M. también fue un menor que participó de los mismos encuentros de Parada, él es un poco mayor que Rodrigo, pero recuerda perfectamente lo que vivieron esos jóvenes, así como también lo que vivió él. “los cariños con tocaciones impropias eran comunes, también lo era ver llegar a otros cabros que no tenían plata y querían comprar algo, zapatillas o lo que fuera y se encerraban con el padre Marcial en su pieza y salían con billetes. Él les pagaba por sexo, y ellos aceptaban, Pero cómo los vamos a culpar si tenían 15, 16 años. Eran cabros chicos manoseados por un pervertido o que tenían sexo para comprar zapatillas. La culpa no era suya”.


Los relatos de los afectados por el padre Parada y por el padre Ángel Vicente Cerró son atroces y no quisimos reproducirlos íntegros por respeto a las familias de estas víctimas. Pero sin precisar nombres podemos dar fe que sus testimonios incluyen sexo oral, tocaciones y penetraciones, así como también intercambio económico por sexo anal. Todos ellos relatos que fueron denunciados a la iglesia, pero cada uno con un final diferente en el cual prima una sola constante: la impunidad.


Finalmente, y luego de una investigación previa que declaraba verosímiles las denuncias, en contra de Marciel Parada se remitieron los antecedentes a la congregación para la doctrina de la fe para instruir un proceso y aplicar una sanción al sacerdote. Sin embargo, en agosto de este año el sacerdote dejó los hábitos para quedar al cuidado de la misma comunidad”, cuenta Pérez quien agrega: “con ello no quedó con sanción alguna y más encima no hubo justicia para las víctimas”.

Comunicado por el retiro de Marcial Parada


Rodrigo Pérez se siente engañado: “Ellos siempre supieron la verdad, per la cúpula de Schoenstatt escondió a los culpables y no hicieron nada. Escondieron la información al Vaticano y se reían de nosotros porque sabían que no se podía hacer nada en lo legal. Por eso espero hoy al menos una sanción social a esta casta de sacerdotes que pervirtieron jóvenes, que les destruyeron la vida. Se rieron de todos nosotros y lo siguen haciendo”
De los entrevistados para este reportaje. Dos de ellos fueron víctimas del padre Ángel Vicente Cerró, quien estaba a cargo de la congregación en La Florida. Cerró era una figura icónica pues fue quien esculpió la famosa cruz de Schoenstatt.

El cura de la cruz


Ángel Vicente Cerró es reconocido en la comunidad de Schoenstatt pues fue el creador de la imagen que acompaña a la congregación, la famosa cruz de la Unidad de Schoenstatt. “el cometió abusos reiterados contra jóvenes y niños, señala una de sus víctimas quien prefiere guardar su nombre en el anonimato por miedo, dice “a las represalias”. Cerró hoy sigue siendo una eminencia dentro de la congregación y los casos de abuso en su contra fueron cerrados por el Vaticano ya que señalan en una comunicación oficial que, al ser los jóvenes, mayores de 16 años, no son vistos como menores según la iglesia sino como mayores de edad.


Cerró ocupaba la confesión para abusar de sus víctimas, “nos hacía tocarlo, se masturbaba frente a nosotros y nos manoseaba asquerosamente. Pero todos teníamos miedo de contarlo pues él decía que era cariño de padre, sin maldad”, confiesa O., una de las víctimas del sacerdote.


Pero él lo hacía generalmente con menores de 16 y 17 años. Algo que en derecho canónico marcó la diferencia sustancialmente al momento de las denuncias en su contra pues la ley de la Iglesia hasta hace unos pocos años atrás consideraba que los menores de 16 años y más, eran mayores de edad.


En una reunión de generación de los seguidores de la congregación en los años 90, varios deciden compartir sus experiencias y se dan cuenta que tienen en común el abuso del padre Cerró. Demoraron años en reconstruir el relato y buscar los apoyos para denunciarlo en el Vaticano. Pero lo hicieron, casi en paralelo a las víctimas de Parada.


Luego de luchar contra sus propios fantasmas ellos deciden interponer una demanda en el Vaticano. Así se inicia una investigación canónica. Pero en una carta fechada 14 de agosto de 2021 (ver foto) la congregación les informa que: “Respecto a Ángel Cerró U., todos los antecedentes y denuncias fueron entregados a la Congregación para la Doctrina de la Fe en Roma, incluyendo el resultado de la investigación previa realizada por la canonista Paulina Anguita. Dicha Congregación, cuya jurisdicción es para delitos contra menores, se declaró incompetente a pesar de la verosimilitud, por cuanto la víctima denunciante no era menor de edad al tiempo de ocurridos los hechos y, en consecuencia, queda fuera de su competencia jurisdiccional “.


Es así como se encuentran sin el apoyo de la Iglesia para seguir adelante con esta denuncia que además en la legislación chilena ya había prescrito. “Pero no sólo no nos apoyaron en la denuncia por considerarnos mayores de edad pese a que no lo éramos; sino que además jamás recibimos apoyo sicológico, moral, religioso, social… El proceso además siempre fue secreto para las víctimas, algo inentendible. Nos trataron siempre como acusados”, señala O.


Las víctimas de los sacerdotes Ángel Vicente Cerró y Marcial Parada hoy se sienten con rabia y dolor debido a lo que vivieron y a lo que acusan como engaño de la congregación. Se animan a contar sus testimonios en esta conversación pues quieren alertar a los padres de las posibles cercanías con sacerdotes abusadores y pedófilos al interior de la congregación.

Rodrigo Pérez es claro: “queremos denunciar esto porque buscamos verdad, justicia y reparación para las víctimas”

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