Autora del libro que rescata la historia del Café del Cerro: “Ayudó a la reconstitución del tejido social en Chile”

La periodista y escritora María Eugenia Meza es la autora de “Miles de voces dirán que no fue en vano”, investigación sobre la historia del Café Cerro, mítico lugar que fue escenario clave en dictadura para darle vitrina a las acalladas voces y artistas de aquel entonces, durante el apagón cultural y el período más oscuro de nuestra historia reciente. Con más de cien entrevistas y una acuciosa indagación, la autora explica el contexto en el que nace este lugar que por cerca de una década fue clave para dar un poco de luz durante los oscuros años en dictadura. El libro se lanzará el 8 de abril en un concierto en el Teatro Caupolicán con artistas que van desde Congreso, Eduardo Gatti hasta Cecilia Echenique, clásicas figuras en la vida del desaparecido cónclave musical. 

Por: Ernesto Garratt

María Eugenia Meza lleva haciendo “Miles de voces dirán que no fue en vano” antes de saber que iba a hacer un libro sobre la historia del mítico Café del Cerro, escenario clave durante la dictadura que sirvió para darle vitrina a las acalladas voces de aquel entonces, durante el apagón cultural y el período más oscuro de nuestra historia reciente.

Entonces, según va su propio recuerdo, Meza en calidad de periodista del área cultural en diversos medios, comenzó en los años 80 a conocer la historia del “Café” (así se referirá a su objeto de indagación en esta charla) desde sus inicios y acumular conocimientos que, en estos años de pandemia, serían la base para lanzarse a investigar, entrevistar y escribir finalmente el libro definitivo sobre una época y un lugar que marcó a una generación de chilenos. 

“Yo reporté el Café en muchas épocas, primero, estando yo en Las Últimas Noticias y luego en diferentes revistas, como Ercilla, Pluma y Pincel y en la misma Bicicleta, donde escribía con seudónimo. Haciendo este libro, nunca me imaginé que en realidad la vida del Café del Cerro tuviera tantas aristas. Tenía una idea de que el núcleo central de su existencia había sido en Canto Nuevo”, dice la autora en conversación con La Red, sobre el escenario cultural creado por Mario Navarro y Marjorie Kusch. 

Así que tras revisar la cartelera durante su década de existencia, la escritora se dio cuenta que además de exponentes del llamado Canto Nuevo, había otras formas de expresión tan o más relevantes.

“Hubo una enorme cantidad de pop, por ejemplo, pero también hubo mucho folclore y mucho, yo te diría espectáculos especiales, por ejemplo: un encuentro de payadores, de cantores de micros, o sea, cosas bastante inauditas para un escenario”, recuerda.

El lanzamiento de “Miles de voces dirán que no fue en vano” será el próximo 8 de abril, que además tendrá un concierto en el Teatro Caupolicán con artistas como Congreso, Sol y Lluvia y otras figuras protagonistas del Café del Cerro. Pero, como aclara la autora, no podría decirse que se trata una muestra de todo el amplío espectro que tuvo este centro de la música ochentera en su longeva cartelera.

“Mario Navarro, quien era el dueño del café y el productor del espectáculo, tuvieron que escoger  un número limitado dentro de toda la gran cartelera que hubo en el Café del Cerro por casi diez años. Así que hay nombres que no están y a la gente les puede resultar un poco extraño. Pero bueno, de haber podido tener a todo el mundo hubiera tenido que ser no en el Caupolicán, sino que en el Parque O’Higgins y una especie de la Lollapalloza del canto de los años 80”, dice.

Registro de la presentación de Los Prisioneros en el Café del Cerro en 1986.

María Eugenia Meza cuenta que durante su indagación también constató que había una segunda vida en el segundo piso del Café del Cerro, ubicado en Ernesto Pinto Lagarrigue 192, en la esquina con Antonia López de Bello, en pleno Barrio Bellavista.

“Se trataba de las salas de ensayo. Y eso también significó un enorme espacio para investigar, porque ahí sucedían muchas cosas importantes, tanto en términos de música como por ejemplo de danza”, dice la autora y ejemplifica con el espacio ocupado por Joan Jara cuando ella vuelve del exilio e instala de nuevo su escuela de danza Espiral.

“Con el café muchas cosas partieron ahí y Raúl Aliaga -percusionista de agrupaciones como Congreso y Fulano-, siempre usa la palabra ‘crisol’ y yo añadiría que se trató de un espacio fundacional que por mucho tiempo quedó en el olvido aparente, hasta que de verdad empiezan a haber estos homenajes posteriores”, agrega la autora. 

Emocionada comenta cuando la serie “Los 80” reconstruyó para su contenido un set imitando el escenario del Café del Cerro. “Eso es darle también un certificado, ¿verdad? De que el café es parte de la historia”. 

-¿Y qué podemos decir de la función social del Café del Cerro en sus años de existencia?

El Café fue parte de los lugares que ayudaron a la reconstitución del tejido social en Chile, que evidentemente en los ’70 había sido desarmado completamente, sobre todo al principio. Pero como yo te decía antes, el Café es un paso más allá de lo que fueron las actividades de los años 70, cosa que no hay qué olvidar. Las cosas no son de generación espontánea, menos en procesos sociales.

La escritora explica que en los ’70 hubo una efervescencia cultural que quedó fuera de los medios de comunicación y por supuesto fuera de la televisión, pero que implicaba la participación ciudadana y sobre todo juvenil, como también iniciativas de orden cultural, entre ellas las peñas.

“Pero las peñas son sola una de estas manifestaciones. E l Café viene entonces a retomar todo aquello y le da otro nivel: para empezar, los músicos encuentran un lugar donde saben a ciencia cierta que van a sonar bien. Eso no pasaba en las peñas, ni mucho menos en los recitales que se tenían que hacer en ollas comunes o en sindicatos o en colegios. Había un sonido, pero era precario. El del Café era un sonido profesional. Con ingeniero de sonido a cargo. Hubo uno que estuvo muchos años que es recordado por todos los músicos, que es Carlos Díaz, que estuvo la mayor parte del tiempo y que ha seguido siendo sonidista de grandes grupos. Él representa en sí mismo, digamos, esta preocupación de tener un trabajo profesional en términos de sonido. También había un trabajo profesional en términos de iluminación. Este era un espacio pequeño. El café tenía originalmente un aforo de 250 personas que después creció porque hacen una ampliación y crece 300 y tantas.  No obstante, hubo grupos o solistas que lograron meter mucha gente como Gatti, y bandas como Los Prisioneros, por ejemplo, lograron hacer entrar a más de 400 personas.

Hasta los cumpleaños se pasaban en el Café del Cerro.

-Pensando en los más jóvenes, ¿podríamos ver una definición sobre El Canto Nuevo y cómo tuvo vitrina en el Café del Cerro?

Mira, es muy difícil en general en la música hacer definiciones en el Canto Nuevo. Yo diría que hay elementos que se conjugan, pero que la resolución de esos elementos es muy distinta dependiendo de la característica de cada uno de los creadores, ya sean solistas o o conjuntos. Hay un primer elemento que es la urbanidad, por así decirlo, no en el sentido de las buenas maneras, sino en el sentido de lo urbano. No es canción campesina, es canción urbana. Trata de temas de gente que vive en la ciudad y por lo tanto son canciones que tratan de muchos temas a la vez. Pirincho Cárcamo en alguna definición, en alguna entrevista de esa época, decía que están influidos por todo, por la Janis Joplin, por la Violeta Parra, por los terremotos, por el smog, por todo. Porque era gente que estaba muy viva, que tenía las antenas puestas en el ser humano. Entonces esa es otra característica: Es una música que le habla al ser humano desde el ser humano. También hay otro elemento: se trata de un trabajo de investigación y muy especial de la poética, como Hugo Moraga o Santiago del Nuevo Extremo o Sol y Lluvia.  Yo hice para el libro una selección, digamos, de músicos, pero que es como toda selección, como toda categorización completa y absolutamente arbitraria.

-Claro, las definiciones son arbitrarias, pero por lo menos nos ayudan a darnos una ubicación en este mapa mental del pasado ¿Cuál era el tipo de público asistente? 

 Yo diría que en primer lugar, así como era diverso lo que pasaba en el escenario era diverso también el público: era público joven. Yo diría que entre los 25 y los 40 años, no, más allá de eso y con una predominancia de gente como de los 30. Más bien, era público en su gran mayoría de clase media universitario o por ahí, digamos que también había escuchado muchas veces a estos grupos en el Café Concert Universitario y que llegaba al café, pero también había otro tipo de público que fue llegando después, cuando el café se puso como de moda. Es decir, no había medio de comunicación que no hablara del Café. La cantidad de prensa de El Mercurio, La Segunda, Las Últimas Noticias hablando sobre el Café era mucha. Entonces empezó a llegar otra gente que llegaba por curiosidad (…) Iba mucho artista, mucho actor, mucha actriz y hartos políticos de todas las edades, porque dependiendo del espectáculo llegó gente bien mayor, como Volodia Teitelboim o intelectuales como Luis Sánchez Latorre. Cuando estuvo por ejemplo Franklin Caicedo, actor chileno radicado en Argentina, con su espectáculo sobre Neruda el Café se rebalsó. Había gente sentada en el suelo para mirarlo y escucharlo. Y ahí fueron muchos actores. Los actores más importantes de ese minuto. 

Meza explica también que el público de el Café del Cerro era muy fiel, donde era habitual ver a la familia Parra, como a un grupo de asistentes que iban siempre al punto que se formaron amistades y hasta matrimonios que perduran hasta hoy.

-Todos los Parra, de los grandes a los chicos, ya sea actuando o como público, eran frecuentes, entonces también es muy variado. Y lo que sí es una característica común a todo ese público es que fue fiel. Es gente que según los testimonios tanto de los propios cantautores o grupos con los que yo hablé, como de la gente que trabajó en el Café, he de decir que la gente se repetía mucho, entonces ya se conocían y se armaron amistades, se armaron amores, hubo gente que se casó, que se conocieron en el café, que después se casaron y que incluso pueden seguir casados hasta hoy. Como testimonios que nos llegaron cuando abrimos en la página de Facebook, abrimos la posibilidad de que la gente nos contara historias que están todas recopiladas en el libro y la gente con historias muy bellas de cómo iban con su papá, con su mamá o con sus tíos, o cómo iban con su pololo o polola con quien estaban recién empezando y que ahora llevan ya décadas casados. Entonces también en ese sentido el café fue un lugar de encuentro no solo político, sino que también humano, a veces hasta ese nivel, hasta romántico con Cupido metido entre medio.

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