Cine chileno: “Un lugar llamado Dignidad”, el recordatorio del infierno en la Tierra

Por Ernesto Garratt

Esta cinta, la segunda del chileno Matías Rojas Valencia, está inspirada en los hechos ocurridos en el enclave alemán comandado por Paul Schäfer.

Esta película chilena es el segundo largometraje del director Matías Rojas Valencia,  quien en 2013  sacó aplausos con su excelente ópera prima “Raíz”: la búsqueda de un padre por parte de un niño en los sobrecogedores paisajes del sur del país. 

Ahora con “Un lugar llamado Dignidad” este cineasta chileno repleto de talento se interna en el sub-género que ya representa en nuestra propia narrativa audiovisual el tema de Colonia Dignidad y su devastador constitución en Chile. 

El asentamiento nazi en el sur de nuestro país ha sido abordado por medios de comunicación y la comunidad fílmica de varias maneras, entonces la aproximación de Rojas se agradece porque evita el sensacionalismo o la pedagogía morbosa para simplemente optar tal vez por lo más complejo de todo: mostrar el funcionamiento del abuso desde el punto de vista de una víctima menor de edad. 

Provisto de un minimalismo narrativo que se nota en cada elección hecho al momento de montar las escenas, “Un lugar llamado Dignidad” recrea con esta estrategia del “menos es más” un drama intenso pero sobre todo contenido. Abrazado a sí mismo, antes de explotar por la propia prudencia de un guion elegante y distinto a lo ya antes visto sobre este tema en particular. 

En esencia no hay ninguna historia nueva cuando abordamos algo qué contar en el mundo de la narrativa o storytelling, en este caso audiovisual. Pero a pesar de la obligatoriedad a elegir algo ya visto, el déjà vu sin embargo no impide ser original en el estilo y tono. En la firma del autor. Y una de las cosas buenas de “Un lugar llamado Dignidad” es que pese a la casi extrema sobriedad de su propuesta, pocos actores, locaciones   y acciones mínimas, el estilo del cineasta se reconoce y ayuda a sostener mediante esa lógica una historia simple, sin dudas: pero poderosa y terrible. 

Su fortaleza está de este modo en el retrato de lugares de sumo agobiantes, que necesitan reflejar el estatus de encierro y prisión de la maldita colonia nazi. Su otra fortaleza es el choque casi directo a la tragedia del niño protagonista, un crío chileno que entra a la sádica comunidad de Villa Baviera sin siquiera adivinar que está ingresando al infierno en la Tierra. 

En este sentido la elección del joven protagonista, Salvador Insunza, que interpreta a un niño de 12 años llamado Pablo, es todo un acierto. Su escrutadora mirada nos va sirviendo de ventana para que vayamos descubriendo la podredumbre moral que comienza a atestiguar desde su inocente punto de vista y que rodea cada aspecto de la colonia nazi amparada por la dictadura en Chile. 

Es verdad que la acción transcurre en los años 80 y que la presencia de una descollante Paulina Urrutia en un sorpresivo papel nos da más pistas de la época. Sin embargo, se trata de una recreación que no solo responde a una época en particular, sino que a un perenne estado de la impunidad en general que parece impregnar cada molécula de Chile hasta el día de hoy. 

“Un lugar llamado Dignidad” es una película necesaria, es una producción valiente. Es una demostración de que el señor Matías Rojas es un director chileno con consecuencia y la suficiente integridad artística para seguir esperando de él títulos tan o más interesantes como éste. Bravo. 

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