Director ganador del Oscar Paolo Sorrentino cuenta cómo Maradona le salvó la vida

La última y más personal cinta del director italiano de “La Grande Bellezza” es “Y fue la mano de Dios”, una película nominada a Mejor Película Extranjera y que no tiene nada de fútbol en verdad ni de la vida de astro argentino. Todo lo contrario, es sobre la propia experiencia del director y del momento en que, de una forma milagrosa, ver un partido de su ídolo le salvó la vida. Acá explica las razones. 

Por Ernesto Garratt

Trailer de “Y fue la mano De Dios”, de Paolo Sorrentino.

Paolo Sorrentino puede ser un hombre de pocas palabras. Reacio a dejar que el verbo interrumpa o explique lo que la imagen hace a la perfección en su cine: un conjunto de poderosas películas que se han instalado como lo mejor del séptimo arte reciente a nivel global. ¿O acaso no les remueve los sentidos su majestuosa y a la vez mortuoria visión de Roma en “La Grande Bellezza”? Justa ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera de 2014, “La Grande Bellezza” era una puesta en escena hermosa y una especie de secuela no declarada de “La Dolce Vita”, del maestro Federico Fellini. 

Ahora, en 2022, Paolo Sorrentino compite nuevamente por el Oscar a la Mejor Película Extranjera con “Y fue la mano de Dios”, donde cambia el foco desde la grandeza de la ciudad romana a su origen como ser humano en la urbe de Nápoles. No se confunda. Esta película tiene que ver con Maradona, pero no es una película sobre fútbol ni sobre el astro argentino haciendo de las suyas en la ciudad italiana. No. “Y fue la mano de Dios” es una hermosa apuesta auto biográfica donde el director italiano habla tal vez del mayor dolor en su vida: la muerte de sus padres siendo él un chico de 17 años. Y habla, además, de la manera en que él mismo esquivó la muerte sin darse cuenta a causa de Diego Armando Maradona, el ídolo deportivo que llegó a jugar a su ciudad natal durante los años ochentas. 

-¿Qué tan difícil fue para ti hacer esto en términos personales? ¿Porque es tu vida?

– Sí. Sí, lo es. Básicamente, se trataba de una parte de mi vida, y esa parte de mi vida era la familia y el momento doloroso. Y hacer la película fue exactamente lo mismo. La familia y los amigos estaban llenos de lágrimas y llenos de diversión.

Paolo Sorrentino volvió no solo a la ciudad donde nació y creció, sino que además a los mismos lugares e incluso complejo de departamentos donde vivió con sus padres hasta el trágico día que los perdió de su vida. La acción, en ese sentido, de “Y fue la mano de Dios”, que está disponible en Netflix, se desarrolla con una apabullante naturalidad y una fórmula de cine verité, mezclado con esos retazos de poesía visual que ya hemos visto en el cine de Sorrentino, pero ahora enfocado en el paisaje napolitano y en el humor contenido de un exótico y humano grupo familiar. 

Entrevista completa a Paolo Sorrentino.

El alter ego de Sorrentino, 51 años, napolitano, es el joven actor Filippo Scotti como Fabietto Schisa, un chico de 17 años en Napolés que sueña con que Diego Armando Maradona llegue a jugar a su ciudad. Fabi atestigua su entorno de tíos y primos y familia achoclonada: un grupo que funciona como una unidad natural y orgánica y que abre los fuegos, de hecho al inicio de la cinta, con una escena surrealista. Esta secuencia es puro Fellini: una de las tías de Fabietto, Patrizia (Luisa Ranieri), es recogida por San Jerano en una limosina y es llevada a una casa irreal -con un candelabro gigante caído en el suelo- donde conoce al mítico Monjecito. ¿Resultado? Ahora ella es capaz de concebir pues antes no podía tener hijos.

El relato familiar, mezclado con el mito, el chamullo, la fantasía y  con la característica exagerada de cada cual,  se cruzan en una hermosa trenza de melancólico recuerdo en “Y fue la mano de Dios”:  una historia de despertares al erotismo, al dolor y a la alegría de un hijo feliz y protegido que deberá cruzar un camino sorpresivo de duelo y crecimiento. 

 -Una de las partes buenas y emotivas es la construcción de una  familia muy napolitana. ¿Cómo fue el trabajo con los actores para crear este hermoso retrato del ser humano en la Italia de los años ochenta?

-He elegido a todos los actores y actrices napolitanos, se conocen desde hace mucho tiempo. Así que eran muchos. Eran ellos mismos eran familia. Y así se sentían. Ellos pretendieron ser mi familia, pero ellos mismos eran la familia. Y fue muy fácil con los actores y actrices que son una familia que se conocen muy bien para crear ese estado de ánimo y esa situación.

Tony Servillo fue su protagonista en “La Grande Bellezza”: interpretó al inolvidable Jep Gambardella, el vividor y fiestero cronista de la decadencia romana y descendiente moral directo de Marcello Mastroianni como Marcello Rubini en “La Dolce Vita” de Federico Fellini, el vividor y fiestero cronista de la decadencia romana de antaño. 

-¿Y cómo fue trabajar específicamente con Tony Servillo nuevamente? Ya sabes, esto es una especie de alter ego de tus películas…Porque lo es, está retratando su interpretación y el protagonista del padre en esta película

– Ay, muy, muy fácil porque nos conocemos desde hace mucho tiempo. Nos conocemos muy bien, y para nosotros, es algo natural trabajar juntos, no es complicado. Así que fue muy, muy fácil y como siempre me enseñó mucho es una especie de amigo, pero es una especie de tío para mí, por lo que encuentra todas las palabras adecuadas para ayudarme cuando estoy cansado o cuando estoy decepcionado por algo.

-Leí en una entrevista que estabas impresionado con la interpretación de la actriz (Teresa Saponangelo) que encarna a tu madre ¿Cómo fue para ti, el director, estar frente a la actriz que interpreta a tu madre recreando esta divertida y semi-autobiografía familiar?

Respecto de mi  relación con la madre,  como dije antes, tuve suerte porque estábamos como definiendo el eje donde se movía mi madre y todos éramos amigos, desde que éramos muy, muy jóvenes. Y así y así fue fácil. Fue fácil. Todo era natural en el buzón. Hace muchos años, había un montón de gente que creció con el sueño de hacer películas o hacer cine o teatro. Y nos conocemos desde hace tanto tiempo que hacer una película juntos es algo absolutamente natural. 

Durante el metraje de “Y fue la mano Dios” hay muchas secuencias de humor y comedia bien hecha: se trata de transmitir el sentido lúdico que existía en la familia Sorrentino real, aquella familia y pilar que fue diluida y separada por la sorpresiva muerte de los padres. Se trata entonces de la construcción de una destrucción y como tal el relato funciona perfecto, en varios niveles. Desde el instante en que los padres deciden irse unos días a su casa nueva (donde una fuga de monóxido de carbono va a acabar con sus vidas) hasta la llegada de Maradona al Napoli. Porque es el momento en que el joven Paolo Sorrentino salva de la muerte. Prefiere quedarse a ver a su ídolo deportivo que acompañar a sus padres. 

“Yo  creo que no me resultó complejo”, dice Sorrentino sobre rodar el instante en que su personaje no tiene idea que se iba a despedir por última vez de su padre y de su madre.  “Fue fácil porque tengo un buen recuerdo de ese momento. Así que traté de replicar exactamente ese momento, ya que estaba vivo en mi memoria. Sí, lo fue. Era, por supuesto, demasiado doloroso. Fue raro, pero fue fácil. Tengo que decir que filmamos esa escena. Tal vez uno de los últimos días de la película. Y así fue mejor. Estábamos listos para dejar ir la película, así que estuvo bien”.

-Maradona salvó tu vida. En cierto modo, también es una especie de inspiración, porque en la película y supongo que en tu historia personal fue la razón por la que deberías quedarte en casa y no ir a esa otra dónde tus padres finalmente  encontraron la muerte. ¿Cómo fue lidiar con esta situación en cuanto a cómo trabajaste con la figura de Maradona en esta narrativa y película?

-Bueno, es como lo muestro en la película, está muy claro que Madonna era una especie de ídolo. Inalcanzable. Ya sabes, y es una especie de milagro, pero él es un milagro. Es un milagro, es un milagro. El hombre es un milagro. En cuanto a nuestra ciudad. Mi acercamiento a Maradona fue justamente eso de ponerlo en el escenario en esos momentos. Esto es una especie de milagro que sucedió.

Le pregunto a Paolo Sorrentino sobre la popularidad de la figura de Maradona en su equipo de filmación. “Todo el mundo ama a Maradona en Italia, la gente ama el fútbol y nosotros, en Nápoles, tuvimos mucha suerte de tener la oportunidad de ver también al mejor jugador de futbol. Así que es algo completamente normal para nosotros. Sí”, dice con convicción.

-También hay una reflexión sobre cómo hacer películas podría ser una forma de lidiar con el dolor. Y también mencionas en la película a Federico Fellini.. qué tan importante que ha sido Fellini en tu película, y especialmente como inspiración.

-No, no particularmente porque no en esta película, Fellini es una gran fuente de inspiración para mí en general. Ha hecho una especie de cine  y ha escrito el tipo de personajes que amo y que creo que son lo mejor que el cine tiene para ofrecer en los últimos años. Pero esta película no es Amarcord. Amarcord era una especie de biografía inventada donde estaban todas las cosas que Fellini amaba. Entonces, en este caso, no puse en mi película las cosas que amaba, sino que las cosas que me eran útiles para contar la historia de la alegría sobre el dolor de un joven de 17 años.

Fotos: Netflix

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