Izkia Siches Pastén, la primera mujer en ser ministra del Interior en 210 años de historia

Sorpresivo e impensado. Muchos apostaban a que llegaría a la cartera de Salud o a la Vocería de Gobierno, pero no. Porque lo cierto es que a partir del próximo 11 de marzo, la doctora Izkia Siches Pastén asumirá como ministra del Interior y Seguridad Pública, la primera mujer en la historia en alcanzar ese cargo. Este artículo explora sus virtudes políticas demostradas durante la campaña presidencial, así como también parte de su meteórica trayectoria: desde su etapa escolar en un colegio de Maipú hasta su histórico ascenso a la presidencia del Colegio Médico; desde sus inicios en la política como dirigente estudiantil en la Universidad de Chile hasta su aplaudido liderazgo en la pandemia.

Por: Miguel Fabia

Corría el año 1812 en Chile y José Miguel Carrera promulgaba el Reglamento Constitucional Provisorio, a partir del cual nacía la Secretaria del Interior. La primera persona designada para asumir este cargo fue el abogado Agustín Vial Santelices. Pasaron los años, las décadas, los siglos, y mientras algunas cosas cambiaron (como el nombre de la institución, actualmente Ministerio del Interior y Seguridad Pública), hubo otras que se mantuvieron intactas: en 210 años de historia, Interior siempre estuvo liderado por hombres. Sin embargo, aquel requisito casi naturalizado, fiel reflejo de la exclusión histórica que han sufrido las mujeres en aquellas instancias que definen el rumbo de la nación, llegó a su fin la mañana del 21 de enero del 2022. 

Periodistas y miembros de partidos políticos se congregaron en las afueras del Museo Nacional de Historia Natural a la espera de que el Presidente electo anunciara su tan esperado gabinete ministerial. El reloj marcaba las 9:22 horas cuando se abrieron las puertas del palacio ubicado en Quinta Normal. Desde el interior y bajo una lluvia de aplausos surgió una figura femenina, luciendo una chaqueta amarilla, y levantando las manos en señal de saludo a todo el país. De fondo se escuchaba la voz de Paulina García —la consagrada actriz que condujo la ceremonia—, quien describía a aquella mujer como alguien que “nació en Arica y se crió en Maipú”, que es “Médica Internista de la Unidad de Infectología del Hospital San Juan de Dios” y que es “ex presidenta del Colegio Médico y también madre de Cala”. Luego de saludar, esa mujer giró y caminó hacia el estrado, donde se encontraba Gabriel Boric, a quien miró fijamente y le estrechó el puño. Segundos antes, el futuro Mandatario de la República la había proclamado ante todo Chile como la nueva ministra del Interior y Seguridad Pública. El nombre de aquella mujer, nombre que ya está inscrito en las páginas de la historia, es Izkia Siches Pastén. 

Izkia, joven de 35 años, doctora, independiente, nacida en región y educada en un colegio de barrio; Izkia, madre, ex dirigente estudiantil, “San Juanina”, bailarina de salsa y amante de los gatos. Esa misma mujer aterrizará el próximo 11 de marzo en un pedestal que durante 210 años estuvo vetado para personas de su género. 

Eso sí, el desafío será enorme. De su gestión dependerá el control del orden público, en un país que hace dos años se volcó a las calles rugiendo ferozmente en contra de las injusticias sociales y económicas, las cuales hasta hoy no han sido subsanadas. A ello hay que sumarle la creciente sensación de inseguridad ante la delincuencia, así como también el conflicto en La Araucanía, donde la violencia, tristemente, se ha vuelto pan de cada día. Por todo esto, Interior se convirtió en un fierro caliente para los ministros que han asumido en la última década. Esta fue la razón por la cual Giorgio Jackson, brazo derecho de Boric y quien parecía tener reservado el cargo, prefirió desestimar la oferta. A diferencia de él, Izkia Siches apeló a su valentía y decidió asumir el mandato otorgado por el Presidente electo, aun cuando está consciente de que podría quemarse debido a la alta exposición política que involucra esa cartera. 

Pero eso no es todo: Interior implica además liderar el comité político del Gobierno, en este caso, compuesto por Jackson (Segpres), Camila Valllejo (Segegob), Mario Marcel (Hacienda) y Antonia Orellana (Mujer y Equidad de Género). Esta comisión integrará el llamado círculo de hierro del Mandatario, cuyo rol será conducir los proyectos y reformas del Ejecutivo. Lo llamativo, sin embargo, es que Izkia Siches es una figura independiente vinculada al mundo de la medicina. De hecho, a muchos les resultaba más lógico que su lugar estuviera en el ministerio de Salud. Pero no, la realidad es otra: en menos de 4 meses habrá pasado de presidir un gremio de la sociedad civil a ocupar la silla más importante del gabinete, desde donde tendrá la misión de dirigir a los partidos políticos sin siquiera pertenecer —al menos de forma oficial— a uno de ellos. 

Aunque, seamos justos: esto no quiere decir que la ex presidenta del Colmed sea una inexperta ni mucho menos en el terreno de la política. Esto quedó de manifiesto durante la campaña presidencial, cuando se consolidó como la personera más creíble de la candidatura de Gabriel Boric. Por ello, si se desea comprender las razones de por qué el oriundo de Punta Arenas triunfó en la carrera presidencial, resulta indispensable analizar el factor Siches Pastén. 

Un cambio radical e impensado en la vida de Izkia

Ocurrió el 25 de noviembre del año pasado a las 7:45 de la mañana. A esa hora, al fin, portando una carpeta bajo los brazos, Izkia Siches aparecía en los patios del Colegio Médico donde la esperaban las cámaras de los medios de comunicación. Sus ojos empañados de lagrimas llamaron la atención de la prensa, quienes comentaban que la doctora tenía un importante anuncio que hacer frente al país. Se trataba de una decisión que, casi dos meses después, le permitiría erigirse como ministra del Interior. Pero aquella mañana de noviembre, la Médico Internista se posó delante del micrófono y habló así: 

“Escucho a personas que quieren llevarnos a la polarización, que quieren despertar el odio. Me revelo a ese futuro. Hemos luchado tanto por alejarnos del miedo y del odio, que hoy me siento llamada a tomar una decisión difícil, que significa un giro radical e impensado en mi vida”.

A diferencia de otros personajes que preferirían “tomar palco” ante los escenarios futuros del país, Izkia, efectivamente, se reveló ante un porvenir que se vislumbraba peligroso para las libertades y los derechos humanos; ese no era el Chile que quería para Cala, su hija recién nacida. 

“Hoy siento que todo es clarísimo, que miro a la cara de mi hija y sé lo que debo hacer, es mi deber”, agregaba. Y, emocionada, con voz trémula, Izkia comunicaba que, luego de 4 años, decidía renunciar a la presidencia del Colegio Médico para poner sus virtudes al servicio de la campaña presidencial de aquel candidato que pintaba de “esperanza” el horizonte, y no así de “miedo”. 

“Me sumo desde hoy a trabajar para que la esperanza sea posible en un próximo gobierno. Creo necesario tomar una nueva avenida para contribuir en el proyecto liderado por Gabriel Boric”. Así pues, Izkia cargó a su bebé sobre los brazos y se embarcó en la aventura presidencial nada menos que como jefa de campaña. 

La doctora, consciente de la baja cantidad de votos que registró Gabriel Boric en regiones durante la primera vuelta, planificó la denominada “Ruta de la Esperanza”, a través de la cual recorrió casi 4.500 km del país, de puerta en puerta, de chileno en chileno, escuchando y debatiendo, en definitiva, intentando convencer a cada votante de que el abanderado de Apruebo Dignidad era la mejor alternativa para conducir el destino de la nación. 

Mensajes claros y concisos, expresados con ritmo pausado y voz dulce, marcaron el estilo de la ex presidenta del Colmed durante la campaña, cualidades que le permitieron dotar de un nuevo rostro, un nuevo aire a una candidatura que no inspiraba la suficiente confianza por parte de los chilenos para dirigir La Moneda en los próximos 4 años.   

Los resultados del balotaje fueron sencillamente espectaculares. Sí, Gabriel Boric se coronó como el Mandatario electo más joven en la historia de la República; pero más impresionante aún es que ganó gracias a una movilización masiva de votantes nunca antes vista, una avalancha de nuevos electores que en la segunda vuelta —no así en la primera— decidieron depositar su confianza en el magallánico, a tal punto de que casi triplicó sus preferencias en comparación al 19 de noviembre (1.814.77 votos en primera vuelta; 4.614.469 en la segunda). 

Analistas y politólogos gastan sus tintas en los diarios hegemónicos intentando dilucidar las causas de esta epopeya democrática. Una de esas causas es, sin duda, Izkia Siches. 

En sólo tres semanas de campaña, la Médica Internista de la Universidad de Chile demostró ser mucho más que eso; mucho más que una trabajadora de la Unidad de Infectología del Hospital San Juan de Dios, mucho más que una ex dirigente del Colegio Médico y mucho más que una profesional de conocimientos exclusivamente técnicos. Siches Pastén se reveló como una figura política avezada, encarnando un liderazgo capaz de transmitir autoridad, pero también habilidades blandas, como la empatía y la resolución de conflictos. Todo ello fue potenciado gracias a un gran dominio comunicacional —tanto en cámara como en redes sociales— que le permitió instalar conceptos claves como la “esperanza”. Así, la doctora logró sintonizar con aquella ciudadanía decepcionada e incrédula de los políticos de siempre. 

Prueba de ello es cuando ofreció disculpas por la furiosa reacción de Gabriel Boric ante la pregunta de un periodista de Radio Bio Bio relacionada al bullado test de drogas presentado por el candidato en el debate de Anatel realizado el pasado 14 de diciembre. “Nuestro candidato es de carne y hueso, él debería haber mantenido la calma, el que se pica pierde y todos somos personas”, afirmó la entonces jefa de campaña, reconociendo así el error “humano” del frenteamplista. 

Pero el desplante de Siches Pastén —propio de una política experimentada— no fue un fenómeno nuevo para quienes han seguido de cerca su trayectoria. La Universidad de Chile y el Colmed fueron los semilleros donde Izkia floreció con su reconocido liderazgo social, atributos que la consolidaron tempranamente como una de las personalidades con mayor proyección política. 

Izkia puliendo a Izkia: entre la medicina y la política

Izkia comenzó a destacarse del resto de las personas precisamente desde el instante en que nació. ¿Por qué? Pues, justamente, a raíz de su nombre: Izkia. Una palabra extraña para oídos latinoamericanos. Resulta que el nombre fue inventado por su madre, Miriam Pastén, quien pretendía que sus dos hijas —la otra se llama Vinsja y hoy tiene 39 años— pudieran brillar frente a los ojos del mundo: aquellos nombres apuntaban a ese objetivo. Por ello, en 1986, Miriam se dirigió al Registro Civil inspirada por las palabras Iskra (nombre croata) e Iskay (número dos en idioma quechua): la unión de ambos nombres dio origen a Izkia. 

Izkia creció jugando en Arica, pero cuando tenía 3 años, en 1990, sus padres —Miram y Guido Siches— acordaron emigrar a la Región Metropolitana. Fue por aquella época, a una edad prematura, cuando la pequeña Izkia decidió cuál sería futuro: convertirse en médica. Esta sentencia estuvo impulsada por la imagen maternal: la profesión de Miriam es tecnología médica.

No obstante, sintió que ese sueño podía arruinarse cuando sus padres la inscribieron en el Instituto Bernardo O´Higgins de Maipú. La joven Izkia creció atemorizada e insatisfecha pensando que aquel colegio no reunía las competencias académicas que ella necesitaba para acceder a la Universidad de Chile, la misma casa de estudios que había formado a su madre. Esto la llevó a esforzarse el doble y, claro está, el trabajo rindió frutos: terminó la enseñanza media con un promedio 6,7 y obtuvo más de 800 puntos en la PSU. Así, el 2004 cumplió su anhelo e ingresó a estudiar Medicina en la U. de Chile.  

Izkia quería estudiar, sí, pero también algo más: la dimensión académica era demasiado estrecha para sus aspiraciones. En consecuencia, decidió expandir esos límites hasta dar paso a la política, y ese mismo año se incorporó a las filas de las Juventudes Comunistas de la universidad. Un año más tarde fue designada consejera de la Fech. Ya en 2008, se alzó como la presidenta del Centro de Estudiantes de Medicina Occidente y encargada del Campus Clínico de Asemech (Asociación de Estudiantes de Medicina). Por último, en 2010 triunfó en las elecciones de representación estudiantil y fue proclamada Senadora Universitaria, cargo que mantuvo hasta el 2012.

Un año antes, en 2011, Izkia fue parte del movimiento estudiantil que hizo tambalear a Chile al poner en jaque el modelo educativo imperante. Ella fue una de las dirigentes que junto a miles de alumnos universitarios salieron a las calles del país exigiendo el fin del lucro a la educación y una enseñanza gratuita y de calidad. Entre caminatas por la Alameda y cánticos en contra del primer Gobierno de Sebastián Piñera, Izkia tejió lazos con otras agrupaciones de la U. de Chile, entre ellas, la Izquierda Autónoma, que por aquel entonces encabezaba el actual Presidente electo, Gabriel Boric, y que años más tarde desembocaría en lo que hoy es Convergencia Social. 

Pero con el correr de los años universitarios, la ariqueña se fue decepcionando de la militancia partidista. Su espíritu convocante la impulsaba a buscar alianzas transversales con otras fuerzas de la izquierda ubicadas más allá de las fronteras del Partido Comunista; pero el conglomerado se negaba a transar con otros sectores. En efecto, resolvió renunciar a las herméticas Juventudes Comunistas. Desde entonces prefirió situarse en el campo gremial para desde allí persistir en la lucha por las demandas sociales en materia de salud, pese a que su corazón —sin duda— continúa teñido por la izquierda. De este modo, en 2010 arribó al equipo del Colegio Médico. 

Estas fueron algunas peripecias políticas de Izkia durante su época estudiantil. En el ámbito profesional, en tanto, realizó su práctica médica en el campus clínico del Hospital San Juan de Dios. En aquel recinto hospitalario de Quinta Normal encontró el espacio ideal para entregarse al servicio de la salud pública, tanto así que en 2014 se unió de forma oficial al San Juan de Dios, específicamente a la Unidad de Infectología. En su cuenta de Twitter, Izkia se declara como “San Juanina”. 

Una revolución en el Colmed 

El liderazgo de Siches Pastén resplandeció rápidamente al interior del Colmed: en 2014, mismo año que entró al San Juan de Dios, fue elegida presidenta metropolitana del gremio. 

Los mismos profesionales que la apoyaron en aquella ocasión notaron que ese no podía ser el techo de Izkia y pronto la convencieron de levantar una candidatura para la presidencia nacional del gremio, en representación de la lista “Oxigenando el Colmed”, cuyo objetivo era destronar a aquellos personajes históricos que por décadas habían gobernado la mesa directiva. Entre esos personajes se encontraba el doctor Enrique París, quien por esa época cumplía 6 años llevando el timón de la institución. 

El 2017 se produjo el hito: Izkia Siches alcanzó el 53% de las preferencias, dejando en segundo lugar a la lista “Fuerza Médica”, liderada por Pablo Araya y respaldada por el actual ministro de Salud. 

Así las cosas, Izkia Siches, con sólo 31 años, se transformó en la primera presidenta mujer —y también en la más joven— en la historia del Colmed, un gremio acostumbrado durante 74 años a ser liderado por figuras masculinas.

“Siempre los presidentes del Colmed fueron hombres, blancos y la mayoría conservadores. Yo soy mujer, joven, de izquierda, morena, de Arica, medio aimara, con ojos achinados, crecida en Maipú, educada en un colegio picante que nadie conoce”, declaró en 2019. Se trató entonces de una auténtica revolución en la mesa directiva del gremio. 

Aunque la mayoría de los medios de comunicación la encasillaron como una figura del Frente Amplio, ella se desmarcó de los partidos políticos, subrayando el carácter independiente y transversal de la lista que representaba.

“Frente Amplio no, yo vengo del mundo más tradicional como Nueva Mayoría, pero tampoco quiero ahora la Nueva Mayoría, así que me mantengo al margen. Nosotros tenemos el apoyo de médicos que vienen con distintas ideas, independiente si se sienten del Frente Amplio, otros de la DC, u otros que son claramente de derecha. Somos médicos que teníamos ideas distintas y habíamos logrado crear un programa que le hacía sentido a la mayoría de los colegas”, afirmó en 2017. 

Pandemia: liderazgo gremial y críticas al Gobierno

Caía el 3 de marzo de 2020 y el entonces ministro de Salud, Jaime Mañalich, desde el hospital de Talca, informaba ante el país un hecho que ya era inminente y que cambiaría radicalmente la forma de vivir de los chilenos: “Tenemos que confirmar que está hospitalizado en este recinto el primer caso positivo de coronavirus en este país”.

El contexto político hacía del Covid-19 una amenaza aún más peligrosa: ¿cómo un Gobierno que apenas registraba el 6% de aprobación —según la Encuesta CEP del 6 de enero del 2020— y carente de toda legitimidad tras las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante el estallido social podría reconquistar la confianza de la ciudadanía para liderar el control una pandemia sin precedentes? 

El país parecía estar políticamente huérfano ante el acecho del Covid. Pero todas las crisis son oportunidades, y de aquella crisis sanitaria surgió el liderazgo de una figura capaz de ofrecer seguridad, calma y humildad en momentos donde reinaba la incertidumbre producto de un enemigo desconocido e invisible. 

“Tenemos dos opciones como país: ser de esas personas que no creen y mantener conductas bastante malas como lo que ocurrió en Europa y tener una cantidad de muertos que podríamos evitar o asumir las medidas de control, asumir una medida de lo que es ser responsable de lo que es vivir en sociedad, cuidar a nuestros adultos mayores a nuestros enfermos crónicos, invito a mirar la evidencia. Siempre vamos a tener escépticos, pero si la gran mayoría actúa de forma responsable no tengo duda de que vamos a poder reducir las muertes que va a producir el Covid-19”, declaró la doctora Siches el 16 de marzo del 2020, en una presentación que el Colmed realizó ante las máximas autoridades de los partidos político, desde el PC hasta la UDI. 

Uno de los objetivos de la instancia era proponer la creación de un consejo asesor integrado por expertos de la salud cuyo rol fuese aportar conocimiento al Minsal, de tal modo que la cartera pudiera elaborar una estrategia consensuada y basada en evidencia para frenar el avance del coronavirus, pero siempre atendiendo al contexto político imperante. 

“No estamos en el mismo escenario que el resto de los países, nosotros enfrentamos un estallido social. Justamente por eso hemos conminado a los presidentes de todos los partidos porque si todos enviamos mensajes distintos va a ser muy difícil que la ciudadanía no organice protestas sociales”, sentenció la presidenta del Colmed. 

Cuatro días después, el 20 de marzo, el Gobierno escuchó la propuesta e instauró la “Mesa Social Covid-19”. Tras una semana de funcionamiento, se desataron los primeros roces entre el Ejecutivo y el gremio: la doctora Siches, quien también fue invitada a la mesa, se sintió defraudada y acusó que el órgano fue creado con el propósito de “dejarnos tranquilos a los alcaldes y el Colmed en forma cosmética”.

Días más tarde, durante la siguiente reunión telemática del consejo asesor, fue increpada por un viejo conocido, el doctor Enrique Paris, quien le pidió explicaciones por sus palabras. Izkia no guardó silencio y le respondió que no entendía por qué él integraba esa mesa “si no representaba a nadie”. Paris se enfureció y se desconectó de la cita virtual. 

La líder del Colmed, encarnando el clamor popular, insistía en la necesidad de aplicar medidas más estrictas —como las cuarentenas— para evitar la propagación del virus. Pero el Gobierno, obedeciendo sólo a criterios económicos, se resistía a escuchar las ideas del gremio, aun cuando estuvieran miles de vidas en juego. 

“Nuestra participación en esa Mesa Social es con el mejor ánimo, pero no podemos seguir hablándole a una pared, necesitamos una interlocución más directa”, disparó Izkia en contra de Mañalich en mayo del 2020, luego de una reunión en La Moneda donde el ministro, al fin, había realizado una autocrítica respecto al control de la pandemia por parte del Gobierno. 

“A mí no me sirve que el ministro de Salud cambie el tono, yo necesito que haya un cambio en la forma de gobernar esta pandemia”, remató la profesional del San Juan de Dios. Aunque, minutos más tarde, el doctor Paris, quien a esa altura actuaba más como vocero de Gobierno que un experto independiente, emplazó nuevamente a Siches Pastén: “Ella no representa a todos los médicos”. 

Tal vez no a los médicos, pero sí representó el sentir de una gran mayoría de chilenos, quienes percibieron en ella una figura cercana y honesta ante el desamparo del Ejecutivo. Así al menos lo evidenció la Asociación de Corresponsales de Prensa Internacional en Chile (ACPI), que eligió a la presidenta del Colegio Médico como el Personaje del Año 2020 debido a “los altos niveles de confianza y credibilidad en la opinión pública”. La agrupación, que representa a los medios internacionales acreditados en Chile, destacó que “son estos dos valores los que han demostrado ser de vital importancia en distintos rincones del mundo para coordinar una respuesta oportuna a la pandemia y generar liderazgo ante la ciudadanía en tiempos de extremo cuidado”.

Todos estos atributos también fueron reconocidos por la prestigiosa revista Time. En febrero de 2021, Izkia Siches fue elegida por el medio estadounidense como una de las 100 líderes emergentes del mundo que están “modelando el futuro”. 

La encargada de elaborar la reseña fue la ex presidenta del país, Michelle Bachelet. “Con tan solo 34 años, la doctora. Izkia Siches Pastén ha mostrado ya un asombroso liderazgo y enorme potencial”, puesto que “ha jugado un rol crucial en la elaboración de una respuesta nacional e inclusiva a la pandemia”, escribió. Por último, la Alta Comisionada de la ONU aseguró que son millones de chilenos los que “comparten sus sueños de un servicio de salud moderno, dando esperanzas de que Izkia esté aquí para quedarse”. 

Con toda seguridad Izkia quiere quedarse. Pero la voluntad no lo es todo, y de ello dependerá su gestión a partir del 11 de marzo como ministra del Interior, el cargo más desafiante del gabinete. Sólo el tiempo dirá si la doctora seguirá acrecentando su leyenda en el ámbito público del país.

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