Trabajar entre balas y amenazas: El crudo día a día de los funcionarios del Sótero del Río

Los funcionarios del hospital ubicado en Puente Alto han sido testigos de diversas balaceras y hechos de violencia al interior del centro asistencial. Denuncian que no existen medidas de seguridad y que incluso deben salir escoltados a los estacionamientos por miedo a represalias.  A tal punto llega el temor de los trabajadores de la salud, que la FENATS planea presentar un recurso de protección ante la justicia para poder trabajar más seguros. A continuación, los impactantes testimonios y registros de la dura realidad que viven a diario los profesionales de uno de los hospitales públicos más importantes del país.

Por Pablo Yutronic

“Todos corrimos. Yo corrí al ascensor y empiezan a gritar ‘arranquen, arranquen que están disparando’. Los auxiliares de servicio, médicos, enfermeras, pacientes; todos corriendo. Algunos alcanzaron a entrar al ascensor conmigo y cerraron las puertas”. Así recuerda Danitza, traumatóloga que trabaja hace más de 10 años en el Hospital Sótero del Río, lo que vivió la tarde del domingo 24 de abril pasado, cuando fue testigo de una balacera ocurrida al interior de un box de urgencia.

Ese día, un reo llegó herido al recinto producto de una riña en el Centro de Detención Preventiva de Puente Alto e intentó fugarse del hospital quitándole el arma al gendarme que lo custodiaba. De aquel episodio han pasado casi dos semanas, y el interno actualmente sigue en estado grave en el mismo centro de salud. “Si se muere va quedar la cagada acá, van a venir a cobrar”, es el comentario que se repite en los pasillos del hospital.

Pero ese episodio solo es uno más. Uno más de tantos. Sí, fue mediático y salió en la prensa, pero hay otros que públicamente se desconocen, y con los que sólo cargan los funcionarios del recinto asistencial. El miedo, la angustia y el nerviosismo se sienten al hablar con ellos de manera anónima. Imposible dar nombres y revelar rostros. No hay opción. Temen -literalmente-, día a día por sus vidas.

Tampoco se trata de una realidad reciente. Hace algunos años, Ana, traumatóloga hace 14 años del hospital, vivió un hecho que hasta el día de hoy le cuesta relatar. “Se acercan dos chicas y me empiezan a preguntar por un paciente, y en eso que estoy dialogando con ellas, entra un tercero, que era un cabro, y se va directo a la sala 8 sacando una escopeta y disparándole al paciente. Después salieron los tres arrancando por la salida de atrás. El paciente gritaba pidiendo ayuda; lo fuimos asistir. Estaba en shock porque pensé que el tipo me iba a matar también, me topé frente a frente con él. Yo dije aquí nos van a matar a todos, dije este tipo está loco y viene a matar gente. Se sintió súper fuerte porque era una escopeta hechiza. Todos estaban gritando. El balazo le perforó el intestino pero por suerte el paciente no falleció”.

Los funcionarios exigen mayor seguridad. Garantías para poder trabajar tranquilos. “No hay guardias, no dan abasto”, señalan. El Sótero del Río es un hospital de una infraestructura bastante grande, con muchos accesos, lo que facilita el ingreso de terceros. “Todos aquí entran como Pedro por su casa, no hay ningún tipo de control”, cuentan. Después de la última balacera del pasado 24 de abril, sí se puede ver más personal de seguridad en los accesos. En la Urgencia, por ejemplo, están pidiendo identificación para ingresar. Sin embargo, para los funcionarios la situación está lejos de solucionarse.

“Yo no me quiero morir, trabajo con crisis de angustia, algunas veces me han dado crisis de pánico, pero tampoco puedo tirar licencia médica. Siento que algún día va llegar una persona con una pistola y nos va matar a todos”, dice Jacqueline, que trabaja hace siete años en área de atención ambulatoria, y que también fue amenazada de muerte por un paciente en noviembre pasado, quien exigía ser atendido rápidamente en urología.

En el siguiente registro, del pasado 29 de abril, se aprecia cómo una funcionaria es agredida y amenazada al interior del hospital.

“ESTO PARECE CÁRCEL, MÁS QUE HOSPITAL”

Al Sótero del Río llegan muchos pacientes heridos desde la cárcel, de riñas, de balaceras, lo que siempre es complicado. Las visitas de los familiares es otro dolor de cabeza para los funcionarios, pues suelen exigir asistencias rápidas, y no lo hacen de la mejor forma. Además se les permite llevar accesorios básicos a los pacientes como ropa, útiles de aseo, entre otras cosas, lo que debe ser revisado por los trabajadores, como si fuesen gendarmes en una cárcel . “Nosotros tenemos que registrar las cosas que les llevan a los pacientes. Te meten drogas en las almohadas, clonazepam adentro de los sándwich, en envase de leche, de yogurth. Es igual a una cárcel acá, es lo mismo. En una oportunidad el paciente se alteró porque le requisamos algunas cosas, y llamó a la familia, llegaron ellos, nos querían pegar, fue terrible. Nos amenazaron, tuvimos que salir por otra puerta, entonces es complejo. El hospital es muy grande, tiene muchos accesos”, señala Anita.

Danitza profundiza aún más dicha problemática. “Yo me veo amenazada de muerte por los mismos pacientes y los familiares una o dos veces por mes,  siempre, siempre. Y eso significa trabajar bajo una presión inmensa, terminar el turno y pedir que me vayan a dejar al estacionamiento con auto porque me da miedo. Cuando salgo miro para todos lados porque tú sabes como son, nosotros sabemos los pacientes que tenemos y a lo que son capaces de llegar. Los pacientes ingresan drogas, entonces tú las revisas, tubos de talco, marihuana, tienen unos métodos increíbles, los familiares, amigos, conocidos, todos les traen”. La pregunta aquí cae de cajón, ¿cuáles son los protocolos en caso de amenazas o ataques de pacientes o familiares de los pacientes en contra del personal? Los trabajadores señalan que deben llamar a Carabineros, quienes se demoran en llegar. Son los guardias quienes deben intervenir en primera instancia.

FUNCIONARIA AGREDIDA A GOLPES EN PEDIATRÍA

El pasado viernes 29 de abril, a las 16:30 horas, una funcionaria que trabaja en el área de Pediatría fue atacada brutalmente a golpes. Ocurrió en el subterráneo, siendo agredida por dos personas. ¿El motivo? La víctima señala que se trató de algo “personal”, pues quién la agredió es la ex pareja de su actual pololo junto a un tercero. Lo increíble, que estas dos personas ingresaron al recinto hospitalario, vieron a la mujer y le propinaron diversos golpes. “Los guardias de seguridad no hicieron nada, no sirven para nada. Quedé toda moreteada, y ahora estoy en mi casa con 11 días de licencia. Me da miedo volver a trabajar, no sé lo que voy hacer”, cuenta la mujer agredida. “No sé por qué pasó esto, si yo no tengo ningún problema con esa persona. Me amenazaron después que me pegaron. Que hago yo ahora”, agrega. Efectivamente las amenazas son explícitas. Así lo demuestra un registro grabado a lo lejos por otros funcionarios, quienes se percataron de lo que estaba sucediendo.

IR A LA JUSTICIA PARA TRABAJAR MÁS SEGUROS

Caminando por los patios interiores del Sótero del Río se ven diversos lienzos en las paredes. “Exigimos salida de Betanzo y Menchaca”. El primero es el director del servicio de salud metropolitano sur oriente mientras que el segundo, el ahora ex director del hospital, quien el pasado lunes 2 de mayo cesó sus funciones. A través de un comunicado interno se expresó lo siguiente: “La Dirección del Servicio de Salud Metropolitano Sur Oriente informa que el Dr. Gonzalo Menchaca Olivares presentó su renuncia NO voluntaria al cargo de director (…)”. Desde el hospital señalan que se debía simplemente por motivos de cambio de Gobierno. Pero desde la FENATS aseguran que fueron los mismos funcionarios quienes pidieron la renuncia del Dr. Menchaca, llegando a tal punto, de advertir una movilización general por parte de los trabajadores. Demandas y exigencias que no han quedado en nada según ellos. “Pedimos miles de reuniones y no se llegó a nada”, comentan. Pero esto no queda así. Juan Palma, abogado precisamente de la FENATS Sótero del Río, señala que en los próximos días presentarán ante la justicia un recurso de protección para establecer mayores protocolos de seguridad.

“Estamos reuniendo todos los antecedentes ante la Corte de Apelaciones de San Miguel, en contra de la autoridad del Hospital por no tomar los resguardos y protección suficiente para los funcionarios. Sabemos que hechos como estos pueden ocurrir (balacera del 24 de abril), pero hay medidas que se pueden adoptar, como por ejemplo, lo que hizo el Hospital Padre Hurtado, donde los funcionarios se vieron expuestos muchas veces a balaceras cerca del sector, entonces la dirección del hospital decidió instalar vidrios antibalas, o vidrios blindados. Acá en el Sótero no hay ninguna sola medida que protejan a los funcionarios”, explica.

¿QUIÉN RESPONDE? ¿QUÉ SE HACE?

Para efectos del presente reportaje nos contactamos con el Departamento de Comunicaciones del Hospital para preguntarles y conocer su versión de las diversas denuncias que realizan los propios funcionarios del recinto. Sin embargo, no hubo respuesta tras diversas insistencias.

En tanto, consultados por esta realidad en el Sótero del Río, desde la Subsecretaría de Redes Asistenciales dijeron que “es importante enfatizar que el cuidar a los que cuidan, es decir a nuestros funcionarios y funcionarias de la salud, es una de nuestras principales prioridades, y en ese sentido estamos trabajando en diversas acciones para asegurar este cuidado, en el amplio sentido que esto implica. Sobre la seguridad de nuestro personal y estos hechos de violencia a los que se ven expuestos, estamos coordinados con la Subsecretaría de Prevención del Delito en una estrategia intersectorial, y en el marco de esa labor, tenemos un grupo de trabajo dedicado a abordar esta problemática, ya que los trabajadores y trabajadoras de la salud pública además cumplen un rol importantísimo de cara a la atención de gran parte de la ciudadanía”.

Por otra parte, dicen que son conscientes del factor y acompañamiento psicológico que deben tener los funcionarios que se ven expuestos día a día a hechos de violencia como los que hemos dado a conocer en este reportaje. “Estamos reforzando nuestro programa “SaludableMente” para brindar ese apoyo y resolver este problema de manera integral. Si bien, nada justifica el actuar con violencia, a nuestros funcionarios muchas veces les toca ser la cara visible para responder ante la frustración de los pacientes por demoras en atención, y por eso también creemos que es tremendamente relevante trabajar en paralelo en la construcción de más CESFAM y hospitales y en el reforzamiento de equipos, y así contribuir a reducir los tiempos de espera de atención que sabemos a consecuencia de la pandemia han sido extremadamente extensos”.

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